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Ara ve el temps del gran repòs Felip Graugés |
Es verdad que los días se acortan y las faldas se alargan, pero en las laderas del Montseny el fin del ciclo biológico se celebra con un frenesí de vitalidad. Los bordes de las carreteras se plagan de un espécimen característico, el recolector de setas, o boletaire como se le conoce por aquí, ávidos de la deliciosa sombrilla. El hayedo del Matagalls, a despecho de la cercana e inevitable desnudez, se desquita con un festival de colores. Las hayas amarillean tímidamente y los arces se vuelven bermellones, pero en realidad la fiesta del color está sólo en sus inicios.
En cuanto llegue el fin de semana no me pienso perder los progresos de la coloración que estará ya más cercana a su apogeo.
