Moscas y trenes

Gorges de Carança

Bosques, lagos de montaña y cumbres agrestes, el valle pirenaico de Carança está bien dotado de atractivos naturales, aunque el mayor de todos es su aislamiento, defendido por abajo por las gargantas del río, y por arriba por la cadena montañosa. O debo decir que era uno de sus atractivos, porque si hace cien años el aislamiento era perfecto, hoy el valle está más indefenso al asedio de los excursionistas. Desde España, el tren cremallera de Nuria permite sobrepasar la cadena tras una cómoda caminata de dos horas. Desde Francia, el acceso por el río se ha forzado mediante cornisas excavadas en la roca, pasarelas y puentes colgantes. El visitante recorre fácilmente este parque de atracciones natural, donde pone a prueba su dominio del miedo a las alturas, mientras, bajo sus pies, el río se abre paso entre las paredes de roca. Y claro, todo esto tiene su impacto en la afluencia de visitantes, pasando noche en las cercanías del refugio.

Convenientemente situado a cuatro horas del pueblo, el refugio de Carança es otro de los elementos que hacen desgraciadamente más accesible el valle. Pequeño, se llena fácilmente cuando lo asedian los excursionistas, pero los que se quedan fuera tienen la posibilidad de dormir bajo techo alquilando una tienda de campaña. En un fin de semana de verano hay que huir de este refugio como de la peste, porque pasar la noche vivaqueando en sus cercanías ha sido la peor experiencia de la travesía del valle. Abarrotado el lugar de campistas, moscas y mosquitos y boñigas de vaca, uno se da cuenta de que el disfrute de un vivac no depende solo de una noche estrellada y no demasiado fría, sino también de poder sentir los sonidos puros de la montaña, muy distintos de los de la muchedumbre acampada.

Escribe un comentario